Casuales en los Niños 
 
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AMIGDALITIS

 

 


 

¿Qué es la amigdalitis?
La amigdalitis consiste en la inflamación del tejido linfoepitelial situado a ambos lados de la garganta (amígdalas palatinas). Las amígdalas palatinas forman parte del conocido como anillo linfático de Waldeyer. Este constituye una primera barrera defensiva frente a las infecciones situada estratégicamente en la puerta de entrada de los microorganismos que se transmiten por la vía aérea. Más concretamente este tejido linfático reconoce como extraños los componentes de los microorganismos y pone en marcha mecanismos defensivos, entre los que se encuentran la producción de linfocitos T y B (células de defensa frente a la infección) y de anticuerpos específicos frente al microorganismo invasor.

Otro término empleado en ocasiones es el de angina debido a la constricción dolorosa, angustiosa que en ocasiones produce la amigdalitis a nivel de la garganta. Se habla de faringoamigdalitis o faringitis cuando la inflamación difusa de la garganta predomina sobre la inflamación local. Por lo general, una amigdalitis suele ser más importante que una faringitis.

Se trata de un cuadro muy frecuente, particularmente en los niños y en los meses de invierno y primavera.

Causas. ¿Qué la produce y cómo se produce?
Muchas infecciones agudas comienzan por una amigdalitis. Entre los virus que pueden producir una faringoamigdalitis están los adenovirus, rinovirus, coronavirus, enterovirus, virus parainfluenza, los virus de la gripe, virus Herpes simple 1 y 2, citomegalovirus, virus Epstein- Barr (estos dos últimos implicados en la mononucleosis infecciosa), el virus del sarampión, de la rubéola, de la parotiditis, etc. De las producidas por bacterias destaca de forma característica la faringoamigdalitis por Streptococcus pyogenes que afecta a los niños en edad escolar y adolescentes, disminuyendo su frecuencia a partir de los 18- 20 años. Las faringoamigdalitis producidas por esta bacteria además de ser importantes por su frecuencia lo son por las complicaciones que pueden producir como la fiebre reumática y cuadros de glomerulonefritis. Otras bacterias que pueden producir este cuadro son los estreptococos de los grupos C y G, bacterias anaerobias de la cavidad bucal, Arcanobacterium haemolyticum, Corynebacterium diphtheriae (responsable de la difteria), Neisseria gonorrhoeae.

En la boca y en la faringe siempre hay microorganismos. Así se describen formando parte de la flora normal de la cavidad bucal bacterias como estreptococos, neiserias, estafilococos, levaduras, etc. Por alteraciones del medio estas bacterias pueden convertirse en patógenos (productores de enfermedad) para el mismo huésped. Una infección vírica puede determinar alteraciones que favorezcan la infección bacteriana secundaria de la amígdala.

Manifestaciones clínicas. ¿Cuándo podemos sospechar que estamos ante un cuadro de amigdalitis?
El curso clínico habitual de la enfermedad es: comienzo agudo brusco, con fiebre elevada, dolor de garganta intenso y dificultar para tragar. El dolor se puede irradiar a los oídos y dificultar la apertura de la boca. Puede aparecer dolor de cabeza, y el enfermo tiene sensación de enfermedad grave.

La gravedad de la sintomatología y la aparición de síntomas a otros niveles dependerá de si se trata de una enfermedad general con manifestaciones locales a este nivel o bien de un proceso localizado en las amígdalas.

Diagnóstico. ¿Cómo se puede confirmar la presencia de amigdalitis?
El cuadro clínico anteriormente descrito junto con la inspección de la boca y garganta en la que se observarán unas amígdalas visibles, agrandadas, por lo general enrojecidas (con o sin manchas) y la posible presencia de ganglios linfáticos de la zona aumentados de tamaño permite establecer el diagnóstico de amigdalitis. Es más complicado averiguar el agente responsable. Tradicionalmente se distinguen distintas formas clínicas: eritomatosas o catarrales (la amígdala de color rojo uniforme), lagunares, foliculares o pultaceas (las amígdalas rojas con manchas blancuzcas punteadas correspondientes al exudado inflamatorio), seudomembranosas (la amígdala recubierta por una película blancogrisacéa, como en la amigdalitis diftérica), herpética (con vesículas), ulcerosas, gangrenosas o flegmonosa (cuando ya se forma un absceso). De todas formas el valor de estas divisiones es meramente descriptivo y no permite conocer la etiología. Por hacer referencia a la forma más clásica una amigdalitis estreptocócica (tradicionalmente descrita como púltacea o con "placas" blancas sobre la amígdala) puede ser eritematosa, transformarse en pultacea o flemonosa; y lo mismo podría decirse de las demás.

Desde el punto de vista de su frecuencia, de la gravedad del cuadro y la posibilidad de evitar sus complicaciones y necesidad de tratamiento antibiótico lo más interesante es distinguir los cuadros catarrales producidos por virus, de las amigdalitis producidas por la bacteria Streptococcus pyogenes. El resto de los cuadros si bien pueden ser graves son más raros. Distinguir ambos cuadros sobre la base de las manifestaciones clínicas es muchas veces difícil o imposible. En general, la presencia de conjuntivitis, rinitis, tos, ronquera y diarrea orienta a una etiología vírica. Entre los signos con más valor que apuntan a la forma estreptocócica están la presencia de ganglios linfáticos dolorosos, el exudado faríngeo, el enantema en el paladar, el edema de la úvula (vulgarmente campanilla) y el exantema escarlatiniforme. Para los países subdesarrollados con dificultad para realizar cultivos microbiológicos, la OMS ha propuesto la combinación de ganglios linfáticos del cuello aumentados de tamaño y dolorosos y exudado faríngeo para identificar a las personas que deben recibir tratamiento antimicrobiano. Esto dejaría sin tratamiento a muchos pacientes (88%) con faringoamigdalitis estreptocócica. En definitiva, las manifestaciones clínicas no predicen de manera fidedigna la etiología estreptocócica, por lo que se recomienda cuando sea posible realizar cultivos microbiológicos o tests de diagnóstico rápido.

El cultivo microbiológico de un frotis faríngeo constituye la prueba de más valor diagnóstico. Sin embargo, los resultados tardan de uno a dos días en estar disponibles y hay que recordar la abundante flora de la zona que dificulta la interpretación del cultivo. También es posible que haya individuos en los cuales Streptococcus pyogenes sea un colonizador y a pesar de estar presente no esté implicado en la infección. El cultivo microbiológico de un frotis faríngeo también permite descartar otras amigdalitis como la diftérica.

Actualmente se encuentran disponibles en el mercado los conocidos como tests rápidos de detección antigénica que permiten realizar el diagnóstico de faringoamigdalitis por Streptococcus pyogenes en una hora. Estos tests detectan la presencia de un componente de la bacteria. Cuando son positivos permiten establecer el diagnóstico sin embargo, cuando son negativos no se puede descartar la presencia de la enfermedad. Por otra parte no son útiles para detectar la presencia de otras bacterias que también pueden producir un cuadro similar (por ejemplo, estreptococos de los grupos C y G).

Otras pruebas que se pueden realizar en un caso de amigdalitis son:

Análisis de orina para descartar una nefritis.

Hemograma, para descartar una mononucleosis.



 

TEN CUIDADO CON LOS NIÑOS.
* Lava siempre las manos de los niños antes de cada comida; es muy importante la higiene.

* Lava los alimetos antes de ser ingeridos.

* Estar muy pendiente de sus comidas a las horas que son.

* Ademas el niño se puede enfermar no solo por la higiene si no del trato de sus papás; el que tanto esta pendiente de ellos...